Cuando se acerca la temporada de calor, el ambiente cambia: el aire se seca rápido, las noches no refrescan y los interiores pierden humedad en horas. Para las plantas de interior, eso es un golpe directo: hojas que se deshidratan, tierra que se seca enseguida y raíces que no alcanzan a recuperar el agua que pierden.
La buena noticia: no se trata de regar más, sino de regar mejor y ajustar algunos hábitos clave. Acá te contamos todo lo que necesitás saber ¡y más!


Riego que realmente ayuda (y no ahoga)
En ola de calor, muchas personas riegan todos los días “por las dudas”. Pero lo más importante es revisar el sustrato: si los primeros centímetros siguen húmedos, todavía no hace falta agregar agua.
El riego ideal es profundo, hasta que el agua escurra por debajo. Así las raíces toman lo que necesitan y no dependen de una humedad superficial que desaparece en minutos.
Los riegos “poquito y seguido” no funcionan: mantienen la tierra húmeda todo el tiempo, reducen el oxígeno del sustrato y favorecen hongos justo cuando la planta está más estresada.
Repasemos: la regla de oro en ola de calor es mirar antes de regar.
– Si los primeros 2–3 cm del sustrato están secos, recién ahí se riega.
– El riego debe ser profundo: que el agua escurra por los agujeros de drenaje.
– Evitar los “rieguillos” diarios que dejan la tierra siempre húmeda y favorecen hongos.
– Regar a la mañana ayuda a que la planta absorba mejor antes del pico de calor.
Y un clásico a vigilar: no dejar agua acumulada en el plato.
Luz brillante sí, sol directo no
Con el calor, el sol directo desde la ventana puede multiplicar la temperatura que recibe una planta. Una especie ubicada cerca del vidrio puede estar mucho más caliente que el resto del ambiente.
Moverlas unos centímetros hacia adentro, filtrar la luz con cortinas livianas o cambiar la ubicación unos días puede prevenir quemaduras.
Si aparecen manchas secas marrones en las hojas que miran al vidrio, no es falta de agua, es exceso de sol.
Humedad ambiente: el aliado secreto del verano
El calor baja muchísimo la humedad del aire, y si encima hay aire acondicionado, peor. Algunas ideas simples para ayudar:
– Agrupar plantas para crear un microclima.
– Usar una bandeja con piedras y agua (sin que la maceta toque el agua).
– Mudarlas temporalmente a un baño luminoso en días extremos.
– Humidificador: sí. Pulverizar hojas al sol: no.
Subir la humedad del aire no significa regar más: significa que la atmósfera sea más amable con las hojas.
Sustratos que funcionan mejor con calor
En verano es clave que el sustrato drene rápido pero retenga algo de humedad. Las mezclas con turba/compost + perlita + fibra de coco funcionan muy bien porque permiten que el agua se distribuya sin encharcar.
Si la maceta es demasiado grande para la planta, el sustrato va a tardar mucho más en secar y puede provocar pudrición de raíces. Mejor revisar tamaño y, si hace falta, pasar a una maceta más acorde (pero no en plena ola de calor).
Pequeños ajustes que salvan plantas
– Regar a la mañana, no bajo sol fuerte.
– Observar hojas y tallos para detectar estrés temprano.
– Mojar la maceta por fuera para bajar la temperatura del sustrato sin saturarlo de agua.
– Reubicar plantas sensibles a lugares más estables térmicamente.
Evitá:
– Fertilizar en pleno calor (estrés + nutrientes = mala combinación).
– Trasplantar: es demasiado shock para las raíces.
– Podar fuerte: la planta necesita conservar energía.

Qué necesita cada tipo de planta en verano
Tropicales (monstera, philodendron, marantas, calatheas): humedad alta, riego moderado y luz filtrada.
Suculentas y cactus: cero humedad ambiente, riego solo cuando el sustrato está seco del todo.
Plantas con flor (anturios, begonias, orquídeas): luz brillante sin sol directo, humedad media y riegos medidos.





















