Por Gabriel Burgueño
Naturaleza: mucho más que solo verde
Lo espontáneo parece cada vez más lejos. ¿Es una realidad o una representación? La naturaleza de un lugar no se reduce solo a la vegetación. Animales, hongos, microorganismos, relieve, suelo y agua son componentes fundamentales para la vida silvestre y humana.
Aún cuando el bosque local o los pastizales hayan desaparecido de los centros urbanos, la naturaleza se hace notar. Se manifiesta en el rugido de los arroyos cuando llueve, en las sudestadas o en el esfuerzo físico de remontar una barranca en plena ciudad (ya sea en el Centro, Belgrano o Recoleta). Aunque haya cemento, el desnivel se vive. Al maravillarnos con el canto de un zorzal o un benteveo, estamos percibiendo naturaleza pura.
El mito del “vacío”: ¿Realmente no había nada?
El paisaje es el encuentro entre naturaleza y cultura. Históricamente, el desprecio por nuestros paisajes locales nos empobreció. Frases como “acá no había nada” o “solo era un pajonal” se instalaron bajo un proyecto de nación que miraba a Europa e invisibilizaba nuestra biodiversidad (¡existen casi 50 especies de árboles nativos solo en Buenos Aires!).
Desde Sarmiento en adelante, se intentó introducir especies y costumbres como si el territorio estuviera “vacío de contenido”. Hoy, es clave integrar la cultura para mediar en este diálogo con lo silvestre.
El cuerpo en un mundo de formas rectas
¿Cómo condiciona el espacio nuestra actitud? Si desde que nacemos percibimos formas rectangulares, simétricas y bordes netos, nos cuesta valorar lo orgánico.
Mientras que las primeras comunidades vivían en un entorno 100% natural, hoy nuestra percepción es 95% artificial. Hemos perdido el contacto con las formas espontáneas, reduciendo nuestra visión a lo digital.

La vegetación como refugio sensorial
Cuando diseñamos un espacio verde, no solo pensamos en plantas, sino en cómo el cuerpo humano se relaciona con ellas. Cada árbol o herbácea conforma un volumen que el cuerpo registra:
- Tacto: La consistencia de las cortezas.
- Oído: El follaje al viento.
- Olfato: Los perfumes estacionales.
- Gusto: Frutos y flores comestibles.
Las plantas son la escala intermedia entre nuestro cuerpo y la arquitectura.

Danza y presencia: El aquí y ahora
¿Cómo acercar el paisaje al cuerpo? A través de la danza, el juego y la sinestesia. En ámbitos universitarios y reservas urbanas, proponemos ejercicios para vivir la verdadera presencia:
- Descalzarse y sentir la tierra.
- Agudizar la percepción más allá de lo visual.
- Moverse con el ritmo que propone el sitio.
Vivir el paisaje con todo el cuerpo permite que el aprendizaje se consolide y que el diseño de un espacio verde no sea solo algo “lindo de ver”, sino una experiencia vital.

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Foto portada: Candela Martino
















