Nuestra llegada a Tandil tuvo el ritmo de las cosas lindas. El sol nos acompañaba cuando entramos a un vivero que, ya desde el nombre, propone una mirada distinta. Nos esperaban con un pequeño banquete y muchas ganas de compartir su pasión por las plantas.
En Entre Yuyos no hay pretensiones: hay plantas. Todas ubicadas de manera tal que el espacio parece el jardín de una casa más que un vivero tradicional. Es también el lugar donde las paisajistas encuentran especies que no aparecen en otros viveros, muy lejos de parecerse a simples yuyos. Pero empecemos por el principio.
Un vivero con historia propia
A diferencia de los viveros tradicionales que se heredan de padres a hijos, el espacio de Mingo de Rico nació de una necesidad propia. Paisajista de oficio, empezó a cultivar para sus jardines, buscando esas especies que tenían que ver con el paisaje real. Pero en ese camino, pasó algo más: se enamoró de lo espontáneo.
“La idea fue primero crear plantas para mis jardines y plantas para jardines realmente”, nos contó Mingo mientras nos perdíamos entre sus canteros. “Y después me empecé a enamorar un poco de los yuyos, a dejarlos en los jardines y en mis canteros primero y principal… los empezamos a dejar expresarse en cada cantero”.
Ese permiso para que la planta “se exprese” es lo que le da a este lugar una mística especial. Aquí, lo que para muchos es una maleza a desterrar, para Mingo es un componente clave de la biodiversidad.
Le charla exclusiva de Mingo para De Raíz:
El mix que contagia
Caminar por “Entre Yuyos” es ver un diálogo constante. Conviven las nativas con las exóticas en una paleta que Mingo fue puliendo con los años. Al principio, cuando las nativas todavía no eran tendencia, él ya las criaba con la paciencia de quien sabe que el tiempo le va a dar la razón.
“Empezamos haciendo nativas y la verdad que fueron años que no se usaban… seguí un poco con las nativas y empecé a traer herbáceas o gramíneas y bueno, ahí volvió a surgir lo de las nativas, que es lo que más me gusta”, nos explicaba. Hoy, su vivero es la parada obligada para las paisajistas de la zona que buscan ese equilibrio entre lo silvestre y lo diseñado.
Caminar por Entre Yuyos es ver un diálogo permanente entre especies. Conviven nativas y exóticas en una paleta que fue construyendo con los años, mucho antes de que las nativas se pusieran de moda.

El descanso del jardinero
Lo que más nos quedó de la charla fue descubrir dónde encuentra Mingo su paz. A pesar de que el predio es inmenso y el trabajo de mantenimiento parece no terminar nunca, para él, meter las manos en la tierra de su vivero es el mejor cierre para un día largo.
“Capaz que vengo re cansado de otro trabajo porque hacemos jardines afuera, pero acá es como mi descanso, entonces me quedo un ratito y lo hago”.
En esa frase se resume el espíritu DeRaiz: la jardinería no como una obligación, sino como un refugio. En sus jardines naturalizados, el “yuyo” está permitido porque aporta una belleza que no sabe de perfecciones rígidas. “Si hay algún yuyo de cualquier tipo puede estar porque lo dejaste, porque te gustó o porque no, y que tampoco queda tan mal a la vista”, dice con esa sonrisa de quien vive en armonía con su entorno.

















