Entre las sierras de Tandil hay un lugar que en primavera se transforma por completo, aunque el espectáculo dure poco. Se trata de Flowery Hills, el campo de peonías de Cristián Bonadeo y Dolores “Lola” Bravo. Hasta allá llegamos con el equipo de De Raíz, acompañando a Entre Plantas Viajes, para entender cómo una admiración visual se convirtió en un cambio de vida radical, donde pasar de la foto a la tierra requirió paciencia y un socio indispensable: el clima.
El cultivo de los que saben esperar
Si hay algo que aprendimos charlando con Cristián es que el cultivo de peonías no es para ansiosos. Esta planta, originaria del Himalaya, está acostumbrada a condiciones rigurosas y la clave de su éxito no está tanto en la tierra, sino en el frío. Sin las horas de baja temperatura necesarias, la peonía simplemente no florece. Por eso es una rareza en Buenos Aires y encuentra su hábitat natural del centro de la provincia hacia el sur.
En Tandil el desafío es constante. Nos contaron que la naturaleza siempre tiene la última palabra: una vez, una partida de rizomas traída de Holanda brotó demasiado temprano y las heladas tardías complicaron todo. Es un aprendizaje a base de golpes y observación.
Mirá la entrevista completa acá:
Derribando mitos sobre el suelo
Cristián nos ayudó a desarmar algunos mitos comunes. Uno pensaría que un rizoma prefiere suelos sueltos y arenosos, pero la peonía se siente cómoda en suelos pesados, siempre que tengan buena materia orgánica y un drenaje que evite el encharcamiento.
Es una especie de sol pleno que en invierno desaparece por completo de la superficie. La recomendación técnica es tajante: poda drástica al ras del suelo para que el rizoma descanse bajo tierra y acumule el frío necesario para volver con fuerza en la temporada siguiente.

De un consejo experto a la exportación
La historia arrancó en 2016 con más dudas que certezas. Cristián buscó consejo en el sur con productores de tulipanes, pero quien le marcó el camino fue Marcelo Sasaki, un referente de la floricultura. Al ver el predio, Sasaki fue categórico: le aseguró que ahí tenía que hacer peonías, pero le advirtió que tendría dos o tres años de aprendizaje antes de ver la primera cosecha comercial.
Y así fue. Entendieron que los rizomas son longevos (pueden vivir 60 años) pero sufren mucho los traslados. El manejo para lograr calidad de exportación es casi artesanal: realizan un despunte inverso, eliminando los pimpollos secundarios para que toda la energía se concentre en la flor principal. Sin embargo, el clima a veces los obliga a cambiar de estrategia: si una helada quema el pimpollo central, dejan los secundarios para asegurar que, al menos, haya color en el campo. Gracias a este trabajo fino, en 2019 lograron exportar y abastecer eventos tan importantes como la cumbre del G20.


Cerrar el consultorio para abrir la tranquera
Después de la pandemia, el proyecto dio un giro definitivo. Compraron su propio campo y trasladaron todo. De 2.500 plantas pasaron a casi 6.000 mediante la división de rizomas y hoy, sumando nuevas importaciones, tienen cerca de 10.000 plantas.
A la par de Cristián trabaja Lola, su esposa. Ambos tomaron una decisión de vida: dejaron atrás sus profesiones y cerraron sus consultorios para mudarse definitivamente al campo hace dos años. Lola nos decía que la temporada de la peonía es tan mágica como efímera: la floración arranca la última semana de octubre y se termina, casi por reloj, el 20 de noviembre.

Un paseo botánico que busca crecer
Esa brevedad los empujó a diversificar para que el campo tenga vida todo el año. El sueño es transformar el lugar en un paseo botánico; con ganas de probar De Raíz en Tandil: El campo de peonías que nació de un cambio de vida y el rigor del fríotulipanes, lupinos, rododendros y secuoyas, y proyectan incorporar camelias, azaleas y una casa de té. Mientras tanto, disfrutan del proceso y del ruido del arroyo, viendo crecer un proyecto que, al igual que sus flores, necesitó tiempo y frío para mostrar su mejor versión.

Cómo visitarlos: Si quieren ver este espectáculo en vivo, hay que estar muy atentos al calendario porque la ventana de oportunidad es cortísima (fines de octubre a mediados de noviembre). El campo está a unos 20 minutos del centro de Tandil, tomando la Avenida Don Bosco y cruzando la Ruta 74. Como las visitas requieren coordinación, lo ideal es contactarlos por Instagram para no perderse la próxima primavera serrana.















