Llegamos a Coronel Suárez en diciembre para recorrer jardines y aprender un poco sobre el césped, que es el lugar donde acá realmente saben. Nos recibió Claudia Lázaro en su casa, un refugio que tiene una estructura impecable y que, como ella dice, ya tiene su historia: “Acá estamos hace 25 años”.
Una herencia que enamora
Tina, asi la llaman, no llegó a la jardinería por obligación, sino por herencia y afecto. Su mamá y su suegra fueron sus grandes referentes. “Me crié siempre en las plantas y bueno, eso va quedando. Y después me voy enamorando, porque enamoran”, nos cuenta mientras empezamos a caminar.
El jardín no se hizo de un día para el otro. Tina participó de grupos CREA, donde junto a otras mujeres se asesoraban con especialistas para armar la estructura que hoy vemos. Con el tiempo, la casa creció y el jardín mutó con ella. Pasó de un estilo más estático a uno donde se permite más libertad: “Me gustan todos los tipos de jardín, me fascinan, pero me vine a esto, me dio esta mezcla”.


El recorrido por los laterales
Caminar por los costados de la casa es ir descubriendo especies que aparecen de golpe. Vimos Peonías (Paeonia), Salvias (Salvia officinalis), Polígonos (Persicaria capitata), Rosales (Rosa) y unas Dalias (Dahlia) que Tina prefiere dejar en tierra: “Iban apareciendo… me parecería ya más sustentable dejarlas en el suelo porque llevan su tiempo”.
En el ingreso, nos recibieron unos Azahares de China (Pittosporum tobira) que marcan el camino. Tina nos explicó que les hace una poda anual cuando ve que se le “cierran los caminos”. También nos detuvimos en las Cucarachas (Acanthus mollis), que en invierno están divinas pero en verano sufren el calor. “A fines de enero las podo bien y es impresionante cómo vuelven, cómo vuelven verdes”, asegura.

Estructura y sorpresas botánicas
El jardín tiene una base de Boxus (Buxus sempervirens) de casi 20 años que le dan el marco a todo. Entre los árboles, Tina va reponiendo los que se caen: tiene Abedules (Betula pendula), un Ginkgo (Ginkgo biloba) que es bastante nuevo y un Peral (Pyrus communis).
Nos sorprendió encontrar un Arrayán (Luma apiculata). “Hace varios años, debe tener 20 años o más. Trajimos dos y ahí se va dando, divino”. También nos mostró un sector de Hortensias (Hydrangea macrophylla) que son las favoritas de sus hijas y un Barberry (Berberis thunbergii) que aporta ese tono colorado que corta con tanto verde.

El secreto del césped “Eminence”
Pero el gran protagonista de la charla fue el césped. Tina nos contó que este año probaron algo diferente: “Sembramos algo nuevo en el sector, el Raygrass Eminence, y la verdad que es un resultado espectacular. Tiene una sanidad, un color… es una alfombra”.
Aunque ahora está en transición con la base de Gramilla (Cynodon dactylon), se mantiene impecable con dos cortes por semana y riego instalado. “Tenía un color, un verde muy brilloso y bien sano. Es súper aconsejable”, nos recomendó.
La paciencia como herramienta
Tina nos recordó que en la jardinería no hay magia, hay tiempo. “Uno tiene que tener paciencia”, dice mientras mira sus árboles crecer. El jardín es también un lugar de afectos; muchas de sus plantas son regalos de amigas o familiares. Ese “jardincito de la amistad” es lo que termina de darle alma a este rincón de Suárez.
Gracias, Tina, por abrirnos las puertas y enseñarnos que, con paciencia y una buena tijera, el jardín siempre vuelve a florecer.















