Durante nuestro recorrido por algunos de los jardines más lindos de Tandil, junto a Entre Plantas Viajes, hubo un momento en el que el paseo se convirtió en una pequeña clase de jardinería a cielo abierto. Entre árboles añosos y canteros en pleno crecimiento, el paisajista e ingeniero agrónomo Eduardo Stafforini nos explicó algo que muchas veces genera dudas entre quienes tienen jardín: cuándo y cómo fertilizar correctamente los árboles.
Lo que siguió fue una charla tan simple como reveladora, donde quedó claro que no se trata solo de agregar nutrientes, sino de entender cómo funciona la planta a lo largo del año.

La primavera, el momento clave
Según Stafforini, la mejor época para fertilizar es la primavera. En ese momento los árboles están en plena actividad, el follaje ya se desarrolló y las temperaturas moderadas favorecen el movimiento de agua dentro de la planta.
La explicación es sencilla pero fundamental. Las hojas transpiran, esa transpiración genera demanda de agua y las raíces responden absorbiendo agua del suelo junto con los nutrientes. Ese movimiento constante es el que permite que la planta distribuya lo que necesita para crecer.
Fertilizar en primavera, entonces, aprovecha ese momento en el que el árbol está en su máxima capacidad de absorción.
El problema de fertilizar con mucho calor
Cuando las temperaturas suben demasiado, el comportamiento de la planta cambia. Ante el calor intenso, muchos árboles reducen su actividad para evitar pérdidas de agua.
En esas condiciones el movimiento interno de agua se limita y la planta puede “bloquear” parte de su funcionamiento para evitar un desbalance hídrico. Por eso, acercarse demasiado al verano con fertilizaciones no suele ser la mejor estrategia.

Otoño, tiempo de reservas
Otra duda frecuente es si conviene fertilizar en otoño. Aunque podría parecer una buena idea, en realidad es una etapa en la que la planta está haciendo exactamente lo contrario de lo que ocurre en primavera.
En lugar de generar crecimiento nuevo, el árbol comienza a trasladar nutrientes desde las hojas hacia su interior para acumular reservas que le permitan atravesar el invierno.
Si en ese momento se estimula un rebrote con fertilizantes, ese nuevo crecimiento puede quedar expuesto a las bajas temperaturas y debilitar a la planta.
El error más común al fertilizar: hacer pozos alrededor del árbol
Cuando el fertilizante se concentra en un solo punto, especialmente si es químico, puede generar un exceso de sales que termine dañando las raíces cercanas. Además, al cavar se corre el riesgo de cortar raíces, algo que muchas veces pasa desapercibido.
La lógica correcta es otra, dispersar el fertilizante sobre la superficie del suelo, cubriendo toda el área bajo la copa del árbol e incluso un poco más allá.

Cómo lo absorbe realmente la planta
El especialista también recordó algo que solemos olvidar, las plantas no absorben fertilizantes en forma sólida. Lo que realmente toman son los nutrientes disueltos en el agua.
Una vez distribuido el fertilizante, la lluvia o el riego lo disuelven y lo incorporan al suelo. Allí, parte de esos nutrientes quedan retenidos y se liberan gradualmente con el paso del agua.
Las raíces, a través de sus pequeños pelos absorbentes, captan esas soluciones nutritivas y las transportan a toda la planta, impulsando su crecimiento.
La charla con Eduardo, aquí
















