Después de recorrer ensayos y sistemas productivos, el cierre de la muestra nos dejó lo que para nosotros es la frutilla del postre: escuchar a Ceci Galeazzi y Ceci Deane, dos paisajistas que laburan directamente con estas plantas y se animan a llevarlas del ensayo al diseño concreto. Para DeRaíz, este es el momento clave: entender cómo la investigación gana valor cuando entra en un proyecto real, ya sea un jardín, un parque o un espacio urbano.
Ellas nos contaron que empezaron a probar glandularias y otras especies facilitadas por el INTA en sus propios ensayos. Acá no hablamos de rigor científico, sino de algo igual de importante: rigor paisajístico. Se trata de observar cómo se comportan en situaciones reales, cómo combinan con otras especies y cómo se sostienen en el tiempo.
Este cruce entre investigación y diseño es lo que permite descubrir plantas que mucha gente ni sabía que existían, como varias especies pampeanas con un potencial ornamental tremendo. Además, estas pruebas funcionan como un multiplicador: otros paisajistas ven los resultados y se animan a replicar la experiencia en sus propios laburos. Si sabés cómo se comporta la planta, te animás a usarla.
Un punto que quedó clarísimo en la charla con Ceci Galeazzi y Ceci Deane es la necesidad de romper con los compartimentos estancos. La producción, los viveros y los paisajistas tienen que estar conectados. Ese intercambio es lo que hace que el mercado evolucione y que la forma de pensar el verde mejore para todos.
Sobre el uso de nativas, la mirada fue equilibrada y sin vueltas. Valorar la nativa es reconocer que está adaptada al lugar, pero eso no significa plantar cualquier cosa en cualquier lado. Hay que conocer el bioma y entender dónde se desarrolla naturalmente para que el diseño sea sostenible. Pero ojo, tampoco se trata de fundamentalismos: el paisaje se construye complementando. Hay especies exóticas que por similitud de bioma funcionan perfecto y conviven con las nativas, aportando estabilidad al sistema.

Desde nuestra mirada, lo más interesante es pensar el cambio como oportunidad. El clima está variando y las plantas responden distinto. Entender esos comportamientos nos permite diseñar paisajes más resilientes, capaces de bancarse una sequía o una inundación sin perder identidad.
Este cierre nos confirmó que el conocimiento tiene valor cuando se comparte y se multiplica. Es la herramienta más poderosa que tenemos para diseñar paisajes conscientes, diversos y que estén preparados para lo que viene.
















