Por BichosdeCampo
La comunidad científica lo viene advirtiendo hace tiempo: las poblaciones de polinizadores están en caída libre en todo el planeta. No es solo un tema de contemplación natural; la transformación de los paisajes y el uso de insumos químicos están provocando consecuencias directas en la producción, como la baja en los rindes de los cultivos.
Un estudio reciente, liderado por la Universidad de Wageningen (Países Bajos) y con participación de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), arrojó datos que encienden las alarmas. Para proteger realmente a las abejas, abejorros y mariposas, se debería conservar entre un 16% y un 37% de hábitat natural en cada paisaje agrícola. En Argentina, estamos lejos: las cifras actuales de conservación rondan apenas entre el 5% y el 15%.

El hábitat perdido
Desde la década del 60, con la llamada “revolución verde”, el uso masivo de agroquímicos y la homogeneización de la tierra empezaron a borrar los refugios de estas especies. Mariano Devoto, docente de Botánica General de FAUBA, explica que esta tendencia no se detiene: “La agricultura y la urbanización avanzan sobre áreas silvestres, reduciendo los espacios que los polinizadores necesitan para alimentarse, nidificar o refugiarse”.
El estudio, que involucró a 80 investigadores de 19 países y analizó 1.250 paisajes agrícolas, identificó umbrales críticos:
- Mariposas: Son las más sensibles, requieren un 37% de hábitat natural.
- Abejorros: Necesitan un 18%.
- Abejas: Requieren un 16%.
Estos porcentajes representan el “piso” de supervivencia. Si el área natural cae por debajo de esos números, las especies se extinguen localmente.
La biodiversidad como “insumo” gratuito
Aunque un 37% de reserva puede sonar alarmante para un productor, Devoto señala que cuidar la biodiversidad tiene un beneficio económico concreto. “Si el rendimiento de un cultivo cae un 10 o 20% por falta de polinizadores, el productor agropecuario tiene que alquilar colmenas. Ese costo es evitable manteniendo refugios silvestres”, afirma el docente.
Estos refugios no requieren grandes manejos y brindan un servicio de polinización gratuito y eficiente. El desafío actual es que el sector empiece a ver a la biodiversidad no como un estorbo, sino como un insumo medible y valorable tanto económica como socialmente.


Hacia una agricultura más consciente
En la Región Pampeana, las metas de conservación deberían estar entre el 5% y el 8%, mientras que en otras zonas del país el porcentaje sube al 15%. Para Devoto, el cambio de mentalidad ya está en marcha: “Quizás implique ‘complicarse un poco’ en el día a día, pero es la agricultura que se viene”.
Desde DeRaíz, reforzamos esta mirada: un paisaje sano es un paisaje biodiverso. Dejar espacio a lo silvestre no es perder terreno, es asegurar el futuro de nuestra producción y del ecosistema.
Fotos: Sobre la Tierra
















