Por Bichos de Campo
Durante décadas, desde los sectores dedicados a la producción de miel se escucharon severas críticas a sus pares agricultores, que bajo el manto del modelo de la Siembra Directa recurrían cada vez más al uso de agroquímicos que protegían sus cultivos pero dañando a las poblaciones de abejas. Por eso entre ambas actividades no se llevaban nada bien.
En este contexto es realmente sorprendente encontrarse con una nota de uno de los mejores analistas sobre el negocio de la miel en Argentina, el editor de Espacio Apícola, Fernando Esteban, derramando algunos elogios sobre los productores de granos.
En su habitual análisis del mercado, Esteban remarcó que “la apicultura en la Argentina está cerrando otra temporada positiva y en alza, en términos de volumen de producción estimado”. El experto sostiene que el saldo exportable podría rondar las 90.000 toneladas, e incluso arriesga: “podemos andar en el récord de 1999 con 105.000 toneladas”.

El cambio en las prácticas agrícolas
Como casi siempre, el clima ha sido el gran aliado. Pero allí llega la sorpresa, cuando Fernando menciona que entre los factores positivos se suma un cambio incipiente en ciertas prácticas agropecuarias.
En la enumeración de estos cambios, el experto describe: “Hay una conciencia creciente en el cuidado del suelo. Muchos de los que promovieron durante 30 años el ‘barbecho-químico’ hoy están reconociendo la importancia de mantener cultivos durante el invierno aunque la rentabilidad inmediata no sea atrayente”.
Eso no es ni más ni menos que la irrupción de los cultivos de servicio o de cobertura como medio para enfrentar las malezas resistentes y achicar la factura en agroquímicos. El publicitado “siempre verde” que incluso predica Aapresid.
Beneficios para las abejas
Según Esteban, este giro puede ser trascendental. Además del uso de herramientas mecánicas para romper el piso de siembra, se aplican cultivos de cobertura que producen ventajas ambientales claramente beneficiosas para las personas y las abejas.
A esto se suma el encarecimiento de los fertilizantes y la pérdida de eficacia de herbicidas. “Entre los promotores en la fijación de nitrógeno al suelo, la Vicia villosa gana espacios año a año”, añadió el especialista.
Más pasturas y girasol
Pero no es el único fenómeno favorable: la multiplicación de pasturas por el interés en la ganadería también ayuda. Entre esas pasturas, la alfalfa (Medicago sativa) se expande, junto a nuevas variedades de Melilotus, que ofrecen una renovada alternativa productiva y una excelente provisión de flores.
A juicio de Esteban, también es relevante la expansión del cultivo de girasol para la producción de aceite. “Sólo en cosecha de miel de girasol el promedio superó los 60 kilos por colmena en el centro norte de Santa Fe. El aumento de la superficie sembrada de girasol en cinco años pasó de 1,7 millones a 3,1 millones de hectáreas”.
Finalmente, destaca el crecimiento en la implantación de colza y carinata. Aunque lejos de los antiguos nabos silvestres, este incremento le ofrece a los apicultores un recurso nutricional de alto valor, permitiendo hacer núcleos tempranos y contar con una reserva de polen para el despegue de las colmenas.

















