En Ascochinga, Córdoba, hay un lugar donde la historia política argentina, el paisajismo y la arquitectura parecen convivir en una misma escena. Recorrer Estancia La Paz es caminar entre árboles centenarios, muros de piedra, lagos artificiales y jardines que todavía conservan la impronta de quienes los imaginaron hace más de cien años.
Llegamos hasta ahí en abril de 2026 y, mientras recorríamos el parque, viaje por otro motivo, empecé a entender que este no es solamente un hotel o una estancia histórica. Es también una pieza viva del paisajismo argentino y es por eso que decidí prender la cámara.
Según cuentan distintas reconstrucciones históricas, estas tierras originalmente formaron parte de la estancia jesuítica Santa Catalina. Más tarde pasaron a manos de la familia Funes y luego quedaron vinculadas a Julio Argentino Roca, cuando se casó con Clara Funes. Fue entonces cuando la propiedad comenzó a consolidarse como uno de los centros políticos y sociales más importantes de la época.
Dicen que acá se reunían presidentes, dirigentes y figuras políticas para debatir el rumbo del país. Por estos jardines caminaron nombres como Nicolás Avellaneda, Carlos Pellegrini y José Figueroa Alcorta.
Pero además de la política, hay otra capa que vuelve único a este lugar: el paisaje.
El legado de Carlos Thays en las sierras cordobesas
A comienzos del siglo XX, Julio Argentino Roca convocó al reconocido paisajista francés Carlos Thays para diseñar el parque de la estancia. El mismo hombre que transformó parques y avenidas emblemáticas de Buenos Aires también dejó su huella en estas sierras cordobesas.
Todavía hoy se pueden ver algunos de esos grandes árboles estructurales que organizan el paisaje: eucaliptos, plátanos, tipas y otras especies de gran porte que acompañan el recorrido y generan esa sensación de parque histórico.
El diseño original incluía además un lago artificial y una lógica de parque escenográfico muy propia de la época, donde el paisaje dialogaba con las visuales abiertas hacia las sierras.

La restauración del jardín y la llegada de Ernestina Anchorena
Más de un siglo después, el parque volvió a transformarse. En 2011, la paisajista argentina Ernestina Anchorena asumió el desafío de intervenir este jardín histórico sin perder su esencia, y eso es justamente lo más interesante del proyecto.
En lugar de borrar lo existente, Ernestina Anchorena, con quien pudimos charlar durante la visita aunque nos hubiese encantado recorrer el parque guiados por ella, trabajó sobre la memoria del lugar. Investigó fotografías antiguas, conversó con empleados históricos de la estancia y empezó a reconstruir qué especies habían formado parte del diseño original.
Una de las decisiones más importantes fue “aterrizar” la casa y acompañar el desnivel natural del terreno mediante terrazas, escalinatas y muros de piedra. Así logró generar un jardín más íntimo y contenido alrededor de la residencia, integrando la arquitectura con el paisaje de una manera mucho más armónica.
Ese trabajo de aterrazamiento es uno de los detalles que más se perciben al caminar el lugar. La casa deja de verse aislada sobre una barranca y empieza a integrarse naturalmente con el jardín.


“Había que recuperar la esencia del parque”
Durante la recorrida hablamos también con Antonella Tessarolo, gerente del hotel desde 2013 y una de las personas que acompañó de cerca la transformación de la estancia en estos últimos años.
Mientras caminábamos por los senderos del parque, Antonella contaba que uno de los mayores desafíos fue intervenir un espacio enorme y muy agreste sin perder su identidad original.
“Ernestina logró respetar y conservar los orígenes y la esencia de este parque”, nos dijo. Y enseguida agregó algo que ayuda a entender la dimensión del trabajo: “No era un parque fácil. Cuando uno llegaba acá era lleno de árboles, muy agreste”. Según relató, el proyecto paisajístico fue ordenando el espacio a través de caminos, canteros y distintos sectores que hoy permiten recorrer el jardín de otra manera, manteniendo siempre el espíritu histórico del lugar.
Pero las transformaciones no ocurrieron solamente afuera. Antonella también nos contó parte del trabajo de restauración arquitectónica que se hizo dentro del casco histórico. Muchas construcciones habían sido modificadas con el paso del tiempo y algunas estructuras estaban unidas entre sí.
“Lo que hicimos fue volver todo al original”, explicó. Uno de los cambios más importantes fue recuperar la independencia entre el casco principal y el antiguo rancho de barro, además de adaptar distintos espacios para la experiencia hotelera actual. Algunas habitaciones se eliminaron para crear áreas comunes, bares y nuevos servicios, buscando más comodidad para los huéspedes sin perder la impronta histórica.


Dormir dentro de la historia
Hoy Estancia La Paz funciona como hotel boutique y conserva buena parte de sus edificios históricos adaptados para nuevos usos. Algunas habitaciones se construyeron recuperando espacios originales de la estancia, como el antiguo lavadero o la llamada “casa de mujeres”, donde antiguamente había una pileta cubierta.
También se mantiene la suite donde dormía Julio Argentino Roca, ubicada dentro del casco histórico principal. Cuando la recorrimos entendimos enseguida por qué decidieron conservarla casi intacta. Tiene una fuerza difícil de explicar: techos altos, mobiliario sobrio, vistas directas al jardín y una atmósfera que todavía conserva algo de aquella época.
Antonella nos contó además que en el antiguo lavadero todavía se mantiene la gran bacha original donde se lavaban los blancos de la estancia hacia fines del siglo XIX. Son detalles pequeños, pero que ayudan a entender que el lugar no busca convertirse en un museo congelado, sino mantener viva su historia.


Un paisaje que sigue evolucionando
Además del hotel, actualmente el predio integra actividades vinculadas al golf, polo, eventos y desarrollos residenciales, siempre dentro del enorme parque histórico diseñado originalmente por Thays.
Si visitás jardines históricos, hay algo muy interesante para observar: cómo los distintos paisajistas intervienen sin borrar las capas anteriores. En Estancia La Paz se nota muchísimo. El trabajo contemporáneo no intenta competir con Carlos Thays, sino dialogar con él. Y ahí está, probablemente, la clave de los grandes proyectos de restauración paisajística.

















