Durante años, la producción de madera en Argentina estuvo asociada a modelos más bien homogéneos: plantaciones de pocas especies, crecimiento rápido y una lógica más extractiva que regenerativa. Pero algo empieza a cambiar… De a poco, aparecen proyectos que buscan otra forma de producir, donde el objetivo no es solo el rendimiento inmediato, sino también el impacto en el ecosistema.
En ese camino se inscribe lo que están desarrollando desde el Vivero Yvyrá. Un proyecto que, sin hacer demasiado ruido, propone algo bastante potente: empezar a producir madera con especies nativas, adaptadas a cada región y pensadas dentro de sistemas más diversos.
La idea no es reemplazar de un día para otro los modelos tradicionales, sino abrir una nueva línea de trabajo. Probar, medir, entender cómo responden ciertas especies y qué rol pueden ocupar en sistemas productivos reales.
Empezar a producir madera con nativas
Desde el vivero lo explican de forma bastante directa: “nosotros empezamos a producir madera con nativas”. El proyecto surge como una iniciativa propia, casi en formato ensayo. La idea es observar cómo se comportan distintas especies en el tiempo y qué potencial tienen no solo desde lo ambiental, sino también desde lo productivo.
En otras regiones del país ya hay antecedentes. En Misiones, por ejemplo, existen experiencias de reforestación con lapacho que muestran resultados interesantes. Ese tipo de casos funcionan como referencia, pero el desafío acá es otro: llevar esa lógica a especies más pampeanas, más propias de esta zona.
El espinillo y los sistemas mixtos
Una de las especies con las que están trabajando es el espinillo, un árbol nativo muy presente en el paisaje pampeano. La propuesta no es solo plantar árboles, sino integrarlos en sistemas productivos reales.
Un monte de espinillos puede generar sombra para los animales en un planteo ganadero mixto, pero al mismo tiempo entregar madera de calidad para leña o postes.
Ahí aparece una idea interesante: dejar de pensar la producción y el ambiente como cosas separadas. El árbol cumple varias funciones a la vez. No es solo madera futura, sino también parte activa del sistema desde el primer momento.
Uno de los puntos más fuertes del proyecto tiene que ver con el tiempo. Con salir de la lógica de lo inmediato.
Desde el vivero Yvyrá lo plantean así: “tenemos que empezar a tener una mirada de mediano a largo plazo, pensar a 20 o 30 años qué va a pasar con una especie, con un ejemplar y con el entorno”.
Esa forma de pensar cambia completamente la toma de decisiones. No se trata solo de qué crece más rápido, sino de qué sistema queremos construir en el tiempo. Porque cada árbol que se planta hoy es, en algún punto, una apuesta a futuro.
Biodiversidad como base del sistema
El proyecto también se apoya en una idea central: no hay producción sustentable sin biodiversidad. En ese sentido, las especies nativas tienen una ventaja clara. “Son especies que están súper adaptadas a la región, tienen una biorelación muy fuerte con todo el entorno”, explican.
Eso significa que interactúan mejor con el suelo, con los insectos, con otros organismos. Funcionan como parte de un sistema que ya existe, en lugar de forzarlo.
Y ahí aparece otro punto clave: aumentar la biodiversidad incorporando especies que, además de integrarse bien, generen un beneficio productivo.
Producir sin negar el impacto
El enfoque del vivero no es ingenuo. No parte de la idea de que se puede producir sin impacto. Al contrario. Lo dicen de forma bastante clara: “sabemos que cada vez que intervenimos en un ecosistema con un fin productivo vamos a generar una degradación”.
La diferencia está en cómo se gestiona ese impacto. Como agrónomos y productores, el desafío es minimizarlo y mantenerlo dentro de parámetros equilibrados, trabajando con el sistema en lugar de contra él.
Una filosofía que mira hacia adelante
Más allá de lo técnico, el proyecto tiene una base bastante profunda. Hay una idea que aparece y que ordena todo lo demás: “la tierra no la tenemos heredada de nuestros ancestros, sino prestada de nuestros nietos”.
Esa frase no queda como slogan. Baja a decisiones concretas: qué plantar, cómo producir, qué sistemas construir. El trabajo con madera a partir de especies nativas todavía está en etapa de ensayo, pero abre una puerta interesante. Propone otra forma de pensar la producción, donde el rendimiento no se mide solo en el corto plazo, sino también en términos de biodiversidad, resiliencia y equilibrio.
















