Hay una frase que Guillermo Schnitman, el “Viejo Farmer”, repite como un mantra: “Cultivar una huerta es la revolución de nuestro tiempo”. Y lo dice desde la voz de quien lleva medio siglo observando los ciclos de la tierra. Para él, el autoabastecimiento es una posibilidad real que requiere, ante todo, un cambio de mentalidad.
En su reciente obra, El libro de la huerta: Agroecología para la autonomía alimentaria, Guillermo profundiza en esta idea. No se trata de un manual de siembra, es una guía para “habitar la tierra” de otra manera, pasando de la explotación a la regeneración.

En nuestra última charla, Guillermo fue tajante: para llegar al autoabastecimiento, primero hay que estar dispuesto a fallar. “Primero tenés que probar, tenés que equivocarte, tenés que hacer las cosas bien, mal o regular”.
Esa primera etapa de “ensayo y error” es la que nos da el conocimiento territorial que ningún libro puede reemplazar. Es la práctica la que nos enseña qué variedades se adaptan a nuestro suelo y qué plagas son las que realmente visitan nuestro jardín.
La planificación como brújula
Si el primer año es para experimentar, el segundo es para planificar. Según el Viejo Farmer, la falta de estrategia es el principal enemigo del huertero novato.
“Si no planificás, te va a sobrar un montón de algo que no comés o que no le gusta a nadie” . El error común suele ser sembrar lo que nos regalan o lo que vemos en redes, desperdiciando espacio vital. La verdadera autonomía alimentaria nace de una pregunta simple pero poderosa: ¿Qué es lo que realmente ponemos en nuestra mesa todos los días?

Huella agroecológica y supervivencia
En su libro, Guillermo recupera saberes que la “artificialización” de la vida moderna nos hizo olvidar. Habla de la importancia de entender el humus (de donde proviene la palabra “humano”) y de ver la huerta como un sistema donde nada es basura y todo se recicla.
Para él, producir nuestro propio alimento es un acto de resistencia frente al cambio climático y los ultraprocesados. La huerta va mas allá de tener lechugas lindas, se trata de fortalecer nuestra soberanía en un mundo cada vez más incierto.
“Se trata de disminuir muchísimo la compra”, dice con pragmatismo. Tal vez no produzcamos el 100% de lo que consumimos mañana mismo, pero cada paso hacia la autonomía es un paso hacia una vida más conectada y consciente.
Al final del día, la respuesta que nos deja Guillermo es que sí, es posible, pero quizás no de la forma en que imaginamos. Vivir de la huerta no significa necesariamente cerrar la puerta al mundo y no volver al mercado, sino entender que cada semilla que brota es una cuota de libertad recuperada.
¿Querés profundizar en la filosofía del Viejo Farmer? Mirá este video:
















