Cuando fuimos a conocer “Mi casita camina” aprendimos mucho sobre la huerta de invierno. Entre cultivos, semillas, planificación y algunas plantas que aparecieron casi sin invitación, nos llevamos varias ideas que nos parecen especialmente útiles para quienes están dando sus primeros pasos en la huerta.
En esta visita nos volvimos a encontrar con una forma muy práctica de organizar la huerta a partir del calendario biodinámico y de un planificador que permite registrar cultivos y pensar las rotaciones. Pero también descubrimos dos plantas que nos llamaron especialmente la atención: el llantén, que muchas veces nace solo y podemos confundir con una maleza, y el pak choi, una hortaliza de origen asiático que parece sofisticada pero resulta muy sencilla de cultivar.
Empezar por el calendario
Una de las primeras cosas que aprendimos fue la importancia de organizar las tareas de la huerta a lo largo del año.
El calendario biodinámico puede utilizarse como una herramienta de planificación para quienes quieren empezar a observar los ciclos de la huerta y ordenar las distintas tareas. La idea es tener una referencia para saber qué hacer en cada momento y no terminar sembrando todo junto simplemente porque tenemos las semillas disponibles.
Cuando uno empieza, es bastante habitual entusiasmarse y querer poner de todo. Pero una huerta necesita cierta organización: hay cultivos que ocupan el espacio durante meses, otros que tienen ciclos muy cortos y otros que conviene sembrar de manera escalonada. El calendario nos ayuda justamente a empezar a mirar la huerta como un proceso y no como una fotografía de un momento determinado.
Planificar la huerta antes de sembrar
A partir de esta necesidad aparece el planificador de huerta que conocimos durante la visita. La herramienta reúne en un mismo lugar información teórica, tareas de cada temporada y fichas de cultivo. Pero una de las partes que más nos interesó es la que permite desplegar un plano y dibujar la huerta. Parece algo sencillo, pero cambia mucho la manera de pensar el espacio.
No es lo mismo plantar un tomate, que puede permanecer durante varios meses ocupando un lugar, que una lechuga, que tendrá un ciclo mucho más corto. Si conocemos los tiempos de cada cultivo podemos pensar qué va a ocupar cada cantero ahora y qué podremos plantar después. Eso permite planificar también las rotaciones y aprovechar mejor el espacio disponible.
Para quienes recién empiezan, llevar un registro puede ser una gran ayuda. Anotar qué sembramos, cuándo, dónde, cómo creció y cuándo cosechamos nos permite que la experiencia de un año se convierta en información para el siguiente.
El llantén, una planta que muchas veces aparece sola
Entre las cosas que más nos sorprendieron estuvo el llantén. Es de esas plantas que pueden aparecer espontáneamente en el jardín o en la huerta y que muchas veces sacamos sin pensarlo demasiado porque la consideramos una maleza. Sin embargo, antes de arrancarla, podemos detenernos a observarla y aprender a reconocerla.
El llantén se reproduce con facilidad a partir de sus semillas, que caen al suelo y pueden dar lugar a nuevas plantas. Por eso, cuando aparece en cantidad, puede ser necesario ralearlo o cortarlo para controlar su expansión.
Es una planta con usos tradicionales vinculados a la salud, especialmente durante el invierno. En el video que grabamos se destaca su utilización como expectorante y su relación con el cuidado del sistema respiratorio. También aprendimos que sus semillas son las que se utilizan para obtener psyllium, conocido por su aporte de fibra.
Esto no significa que tengamos que consumir cualquier planta que aparezca espontáneamente en nuestra huerta. Al contrario, conocerlas e identificarlas correctamente es el primer paso antes de decidir qué hacer con ellas. Y quizás ese sea uno de los aprendizajes más interesantes: no todo lo que nace solo es necesariamente algo que tenemos que arrancar.
Pak choi, una exótica que resulta muy fácil
La otra sorpresa fue el pak choi, una hortaliza de la familia de las brasicáceas que, aunque tiene un aspecto bastante diferente al de las verduras que solemos cultivar, resulta muy sencilla para incorporar a una huerta.
Se siembra por semilla en otoño, tiene un ciclo rápido y no es demasiado exigente. Además, en la experiencia que conocimos funciona muy bien asociado con remolachas.
También aprendimos que su cosecha es diferente a la de otras verduras de hoja.
En lugar de ir sacando algunas hojas y esperar que la planta continúe produciendo de la misma manera, la recomendación es cortar la planta entera y llevarla a la cocina. Una de las formas más simples de prepararla es salteada con ajo.
Como tiene un alto contenido de agua, reduce bastante su volumen durante la cocción, algo que conviene tener en cuenta cuando la cosechamos.
Y hay un detalle que vuelve a aparecer en este cultivo y que tiene que ver con una idea central de la huerta: cuidar el suelo.
Cosechar sin llevarnos la raíz
Una de las cosas que más nos quedó de esta visita fue aprender a mirar también lo que sucede debajo de la tierra. No todos los cultivos necesitan ser arrancados de raíz para ser cosechados. En una zanahoria, por ejemplo, la raíz es justamente lo que queremos comer. Pero en otros cultivos podemos cortar la parte aérea y dejar la raíz en el suelo.
En una lechuga, por ejemplo, podemos cortar la planta y dejar las raíces. Esto ayuda a mantener la estructura del suelo y permite que esas raíces sigan formando parte de la vida que ocurre debajo de la superficie. Con el tiempo, también se incorporan como materia orgánica.
Es una pequeña diferencia en la manera de cosechar, pero implica entender que la huerta no termina cuando nos llevamos las verduras a la cocina. El suelo también forma parte de la cosecha.
Después de nuestra visita a “Mi casita camina”, nos fuimos con muchas más preguntas que respuestas, que quizás sea una de las mejores cosas que puede pasar cuando uno visita una huerta.
Nos llevamos un calendario para aprender a mirar los tiempos, un planificador para organizar mejor el espacio, un llantén que ya no vamos a mirar de la misma manera y un pak choi que definitivamente queremos probar. Y, sobre todo, una idea bastante sencilla para quienes están empezando: antes de pensar solamente qué vamos a plantar, vale la pena aprender a observar la huerta que ya tenemos.
















