.Esta vez la recorrida de De Raíz nos llevó a un lugar bastante particular. Son los canteros del Centro Comercial Nordelta, un espacio de mucho tránsito donde hace cinco años trabaja el estudio Litoral Paisajismo, formado por Rafaela Cassarino y Tamara Lipkin.
A simple vista parecen canteros como tantos otros, pero cuando uno empieza a mirar un poco más de cerca aparecen varias cosas interesantes. Las plantas crecen en arena, muchas llegan al jardín en pequeños plugs y el mantenimiento tiene bastante menos que ver con estar encima de cada planta y bastante más con dejar que cada especie encuentre su lugar.
La propuesta parte de una mirada naturalista. Eso significa que el jardín no busca verse impecable durante todo el año. Los pastos dorados, las flores cuando empiezan a secarse y las distintas etapas de las plantas también forman parte de la escena. Y eso se nota especialmente cuando se recorre el lugar pensando en cómo va cambiando durante el año. Hay momentos de transición y después llegan las grandes floraciones de primavera.
Pero quizás lo más llamativo está debajo de las plantas. En estos canteros trabajan con lo que se conoce como sustrato técnico, una forma de preparar el suelo que toma como referencia las experiencias del paisajista europeo Peter Korn y que en Argentina comenzaron a difundir, entre otros, Mariela Schaer y Cristóbal Elgeta.


La idea es bastante sencilla, aunque a primera vista parezca extraña: en lugar de plantar sobre una tierra fértil y cargada de materia orgánica, las plantas crecen principalmente en arena gruesa. Estos canteros tienen unos 30 centímetros de profundidad. En la parte inferior colocaron hojas secas y un pequeño aporte de compost, mientras que los últimos 20 a 25 centímetros están ocupados principalmente por arena.
¿Por qué hacer algo así? Una de las razones tiene que ver con el drenaje. En un lugar donde el suelo original puede presentar problemas de compactación y acumulación de agua, la arena permite generar un medio mucho más drenante y aireado para las raíces. Pero hay otro beneficio que resulta muy interesante cuando se piensa en jardines grandes: la arena ayuda a reducir muchísimo la aparición de malezas.



Al no tener una superficie cargada de nutrientes, muchas de las semillas que llegan con el viento no encuentran las condiciones ideales para germinar. Y eso, en un jardín de estas dimensiones, significa muchas menos horas de mantenimiento. También cambia completamente la manera de plantar. No hace falta cavar grandes pozos ni mover tierra de un lado para otro. Se aparta la arena con la mano, se coloca la planta y se vuelve a cubrir.
Rápido y bastante simple. En estos canteros también hay otra pequeña revolución: los plugs. En lugar de transportar cientos de plantas en macetas individuales, utilizan pequeños plantines producidos en celdas, como los que produce Cristian Mancini. Durante la recorrida se pueden ver, por ejemplo, plantas de verbena (Verbena bonariensis) con unos 45 días de repicado.

El cambio es enorme cuando se piensa en cantidad. Los plugs ocupan muchísimo menos espacio, generan menos descarte de plástico y permiten trasladar cientos de plantas en el baúl de un auto.Una vez en el jardín, van directamente a la arena. Y acá aparece otra idea interesante: las raíces de estos pequeños plantines empiezan rápidamente a explorar el nuevo sustrato. No necesitan llegar al jardín en una maceta grande para poder desarrollarse.
El riego también tiene otra lógica. Las mangueras de goteo que se ven en los canteros se utilizaron principalmente durante la implantación. Después, el sistema quedó apagado y las plantas continuaron desarrollándose buscando humedad en profundidad. No hay una fertilización permanente ni una intervención constante. El diseño del cantero, el sustrato y la elección de las especies hacen gran parte del trabajo.
Arriba de la arena, una capa de piedra fina termina de ordenar visualmente el conjunto.Y quizás ahí está lo más interesante de este jardín.
Más que buscar controlar todo lo que sucede, la propuesta intenta generar las condiciones para que las plantas puedan desarrollarse y después acompañar sus ciclos. Porque un jardín naturalista no significa dejar de cuidar. Significa diseñar de otra manera y aceptar que el jardín cambia. Que los pastos se ponen dorados. Que algunas flores se secan. Que una planta puede tener un momento espectacular y después desaparecer un poco de escena. Y que no todo tiene que estar florecido, verde y perfectamente recortado durante los doce meses del año.
En este caso, además, esa mirada se combina con una forma de plantar que busca reducir riego, mantenimiento, descarte y movimiento de materiales.
Una combinación que abre una pregunta interesante para cualquier jardín, incluso uno mucho más chico: ¿qué pasaría si antes de pensar qué plantas queremos poner, empezáramos por pensar cómo queremos que funcione el suelo?
Mirá el video con la recorrida completa por los canteros del Centro Comercial Nordelta y la entrevista a Rafa de Litoral Paisajismo.
Bonus track
Una idea para llevarse: antes de elegir plantas, mirar el suelo. Muchas veces un buen diseño empieza bastante más abajo de donde termina el jardín.
Una tendencia para mirar: los sustratos minerales y las plantaciones en arena están ganando espacio en proyectos que buscan buen drenaje y menor mantenimiento.
Y una pregunta para el jardín propio: ¿cuánto de ese mantenimiento que hacemos todas las semanas es realmente necesario y cuánto podría resolverse desde el diseño?
















