Cuando hablamos de enseñar jardinería a los chicos, solemos pensar en plantar una semilla, regar, cuidar una huerta o aprender el nombre de algunas plantas. Mi primer jardín empieza un poco antes.
En las páginas que Verónica Langé compartió con De Raíz, el primer capítulo se llama justamente “¿Qué es una planta?”. Allí explica, con ejemplos muy simples, qué tienen en común las plantas con otros seres vivos y cuáles son sus diferencias con los animales. Una planta necesita agua, cuidados y alimento. Pero, a diferencia de un animal, no puede trasladarse de un lugar a otro y fabrica su propio alimento.
Después aparecen las excepciones. Por ejemplo, las plantas parásitas, que viven sobre otras plantas y obtienen de ellas parte de lo que necesitan. Es una forma sencilla de introducir conceptos de botánica sin convertirlos en una clase. Primero aparece la pregunta, después la explicación y, casi naturalmente, las ganas de seguir mirando.
¿Quién es Verónica Langé?
Verónica Langé conoce bastante de plantas antes de sentarse a escribir un libro para chicos.
Es técnica universitaria en Jardinería y licenciada en Economía. Está vinculada al mundo de la producción de plantas ornamentales y es directora editorial de Economía & Viveros, publicación especializada en floricultura, jardinería y paisajismo.
También trabaja hace más de catorce años como columnista de jardinería en Clarín y desde 2026 publica sobre jardinería y paisajismo en Perfil. En el ámbito internacional, colabora desde 2011 con FloraCulture International. Además, presentó trabajos de investigación junto al Instituto de Floricultura del INTA sobre producción y comercialización de plantas ornamentales.
Su recorrido explica bastante bien desde dónde está escrito el libro: desde el conocimiento técnico, pero con la intención de hacerlo accesible.
Y hay un dato personal que me encanta. Verónica cuenta que empezó a soñar con escribir un libro sobre plantas cuando tenía ocho años. Lo publicó a los 49.
Jardinería para aprender a mirar
Cuando un chico aprende que una planta necesita determinadas condiciones para vivir, también empieza a observar. Si una hoja cambia, pregunta. Si una planta crece sobre otra, pregunta. Si una semilla desaparece debajo de la tierra, quiere saber qué está pasando.
La jardinería tiene esa ventaja: muchas veces enseña sin que parezca que estamos enseñando. Una maceta puede ser una pequeña experiencia de ciencia. Una huerta puede enseñar sobre ciclos, tiempos y alimentos. Una semilla puede mostrar que algunas cosas necesitan paciencia.

Un libro para compartir
Hay algo que también aparece con fuerza en la propuesta de Verónica: el rol del adulto.
El libro está pensado para acompañar a los chicos, no para dejarlos solos frente a una serie de instrucciones. Y eso permite que la jardinería se convierta en una actividad compartida. No hace falta tener un gran jardín.
Podemos empezar con una maceta, algunas semillas o simplemente con una recorrida por el espacio verde de casa para ver qué plantas hay, qué insectos aparecen y qué cambios se producen con el paso de los días. A veces el primer acercamiento a la jardinería no empieza plantando, empieza preguntando. Y una pregunta tan sencilla como “¿qué es una planta?” puede terminar abriendo la puerta a todo un mundo.

















