Hay lugares de los que uno escucha hablar durante tanto tiempo que siente que ya los conoce. A mí me pasó con el vivero de Chola. Desde que empecé a meterme en el mundo de la jardinería, siempre aparecía alguien que decía “eso seguro lo tiene Chola” o “andá al vivero de Chola que ahí encontrás de todo”. Era un nombre que se repetía constantemente entre paisajistas y jardineros, asociado a plantas raras, especies difíciles de conseguir y una enorme generosidad para compartir conocimientos.
Así que cuando la paisajista y amiga jardinera Gabi Crook me dijo “vení, te llevo”, no lo dudé un segundo. Agarré la cámara y nos fuimos. Mientras caminábamos por el Vivero La Terraza, Gabi me iba contando que este lugar nunca fue solamente un espacio para comprar plantas. Venir significaba quedarse una tarde entera, recorrer con tranquilidad, tomar un té, conversar sobre jardinería y descubrir alguna especie nueva. “Todos queremos mucho a Chola”, me dijo apenas empezamos la recorrida, y esa frase fue tomando cada vez más sentido.
Mirá el video completo con la recorrida y las entrevistas para conocer la historia de Chola López Varela, recorrer el Vivero La Terraza y descubrir por qué este lugar ocupa un sitio tan especial en el corazón de la comunidad jardinera.
Bastan unos minutos para entender por qué este vivero es tan especial. Hay vida por todos lados. Plantas que casi no se ven en otros lugares, rincones armados durante décadas, sectores de acuáticas, herbáceas, trepadoras, árboles y especies que llegaron desde distintas partes del mundo gracias a la curiosidad de Chola. Todo transmite la sensación de haber sido construido con paciencia, observación y muchísimo trabajo.
Mientras recorríamos los senderos, Gabi me contó una parte de la historia que me pareció inspiradora. Chola López Varela empezó este proyecto cuando ya tenía alrededor de 50 años. Antes trabajaba haciendo jardines y, con el apoyo de su hermano, decidió abrir un vivero propio. Con el tiempo dejó las obras para dedicarse completamente a este lugar que terminó convirtiéndose en un punto de encuentro para varias generaciones de paisajistas. Me gusta contar estas historias porque muchas veces creemos que hay una edad para empezar un proyecto nuevo. Chola demuestra exactamente lo contrario. Construyó un vivero reconocido por todo el ambiente cuando muchos pensarían que era tarde para empezar.


En medio de la recorrida apareció Oscar Cabrera, jardinero y colaborador del vivero desde 1990. Apenas empezamos a caminar me di cuenta de que iba a ser imposible avanzar rápido. Cada pocos metros aparecía una planta distinta y una historia para contar.
Le pregunté por qué en este vivero siempre había especies que no se encontraban en otros lugares y la respuesta fue “Cada vez que Chola viajaba volvía con algo. Un gajo, un bulbo, semillas… siempre traía una novedad.” Así fue creciendo este lugar. No siguiendo modas, sino alimentando una curiosidad permanente por conocer especies nuevas, reproducirlas y ponerlas al alcance de otros jardineros.

Oscar también me compartió uno de esos saberes que pasan de generación en generación, durante décadas organizaron gran parte del trabajo siguiendo las fases de la luna. Los gajos, los trasplantes, las podas y hasta algunas tareas de mantenimiento tenían su momento. “Nosotros comprobamos que funciona”, me dijo mientras seguíamos caminando entre macetas y plantas.


Me encantan estas conversaciones porque muestran que la jardinería también está hecha de experiencia. Son conocimientos que nacen de observar la naturaleza durante años, de equivocarse, volver a probar y descubrir qué da resultado. Más allá de que cada uno utilice o no el calendario biodinámico, escuchar a alguien que lleva más de treinta años reproduciendo plantas hablar con esa seguridad tiene un enorme valor.
Seguimos recorriendo el sector de plantas acuáticas. Oscar me mostró los lotos, los nenúfares y me explicó cuándo conviene dividirlos, cómo influye la temperatura del agua y por qué muchas veces hay que esperar a que pasen las heladas antes de moverlos. Yo intentaba seguir caminando, pero era imposible. Cada rincón escondía una planta distinta y terminábamos hablando de otra historia.


Eso también explica por qué el vivero de Chola se volvió tan importante. No era solamente un lugar para comprar plantas. Era un espacio para aprender. Para hacer preguntas. Para descubrir especies nuevas y volver a casa con alguna idea diferente para el jardín.
Mientras avanzábamos, Gabi me contó que durante años llevó a sus alumnas al vivero. Se organizaban picnics, almuerzos y encuentros bajo un enorme arbolado que terminó convirtiéndose en un símbolo del lugar. Allí nacieron amistades, proyectos y muchísimas conversaciones sobre jardinería que todavía hoy siguen vivas en la memoria de quienes compartieron esos encuentros.
Al terminar la recorrida entendí que el verdadero patrimonio del Vivero La Terraza no son solamente las plantas. También lo son las personas que pasaron por acá, los vínculos que se construyeron y todo el conocimiento que Chola compartió con enorme generosidad durante décadas.

Esa idea volvió a aparecer cuando escuché los mensajes que le dedicaron personas muy cercanas a ella. La paisajista Natalia Van Rafelghem, la directora de Revista Jardín, Lucía Cane, la paisajista María Inés Vilela y Celeste Cabanillas recordaron a Chola desde distintos lugares, pero todas coincidieron en algo: el Vivero La Terraza fue mucho más que un vivero. Fue un espacio de encuentro, de aprendizaje, de amistad y de inspiración. Un lugar donde muchas veces las plantas eran la excusa perfecta para compartir una tarde, intercambiar experiencias o simplemente disfrutar de estar rodeados de naturaleza.
Hoy, con 95 años, Chola López Varela está transitando una nueva etapa y el vivero también. Las plantas que todavía quedan buscan nuevos jardines y, de alguna manera, esa es la mejor forma de que esta historia continúe. Cada ejemplar que sale de este lugar lleva detrás décadas de observación, viajes, multiplicación, trabajo y pasión.

Si alguna vez escuchaste hablar del vivero de Chola, este es el momento de conocerlo. Y si nunca habías oído su nombre, ojalá esta recorrida sea el comienzo. Estoy convencida de que quienes amamos las plantas también permanecemos en los jardines que ayudamos a crear. En ese sentido, el legado de Chola López Varela va a seguir creciendo durante muchos años más, cada vez que una planta nacida en el Vivero La Terraza encuentre un nuevo hogar. Esta abierto hasta noviembre. Mas información aqui



















