Mientras el campo argentino vive la intensidad de la siembra de trigo, los apasionados de la jardinería y las huertas urbanas también estamos con las manos en la tierra, preparando nuestros espacios para los cultivos de invierno. El Día Nacional de la Conservación del Suelo es la excusa perfecta para recordar que la tierra no es un simple sustrato inerte, sino un ecosistema vivo.
Ya sea en un lote de mil hectáreas en la pampa o en el cajón de cultivo de un balcón, las reglas de la naturaleza son las mismas. Según la FAO, para el año 2050 el mundo deberá producir un 50% más de alimentos. Este desafío global empieza por cuidar el recurso más valioso que tenemos bajo nuestros pies, aplicando buenas prácticas sin importar la escala.
Leer la tierra antes de sembrar
En el campo, el cuidado del suelo comienza mucho antes de poner la semilla. Los productores y técnicos analizan qué nutrientes faltan y cómo está la humedad. En nuestro jardín, el concepto es idéntico: la presiembra es el momento de observar.
Antes de plantar tus habas, arvejas o renovar tus plantas de temporada, es vital acondicionar la tierra. ¿Está compactada? ¿Le falta materia orgánica? Así como en la agricultura el nitrógeno es el rey para el desarrollo del trigo, en nuestras huertas y jardines es el motor para que las plantas crezcan vigorosas y con un follaje verde y sano.
A gran escala, herramientas como la urea granulada —que Profertil produce en nuestro país— son fundamentales para aportar ese nitrógeno clave. En el campo, el timing es todo: al llegar a la floración, el trigo ya tomó el 80% del nitrógeno que usará en su vida. En tu jardín, la lección es clara: la nutrición temprana asegura el éxito de la planta adulta.

El “rastrojo” de tu jardín: el círculo virtuoso
“La producción agrícola conserva el suelo en la medida en que puede garantizar, a través de prácticas sostenibles, la calidad y cantidad de los alimentos que da la tierra, ciclo tras ciclo”, explica Marcos Sabelli, CEO de Profertil.
Este concepto tiene una traducción directa a la jardinería. Una planta bien nutrida (ya sea trigo, un frutal o una hortaliza) genera más biomasa, es decir, hojas, tallos y raíces más fuertes. En el campo, una vez cosechado el grano, esos restos vegetales quedan en el suelo formando el “rastrojo”.
¿Cómo replicamos esto en casa?
- Acolchado o Mulch: Al igual que el rastrojo protege los lotes agrícolas de la erosión y el clima, cubrir la base de tus plantas con hojas secas, corteza o pasto cortado protege tu suelo de las heladas del invierno.
- Compostaje: Toda esa biomasa extra que dan las plantas bien nutridas vuelve a la compostera, generando nueva materia orgánica para el ciclo que viene.

“La urea es parte de un círculo virtuoso que año a año ponen en movimiento miles de productores, acompañados por más de 25 años de investigación y desarrollo”, concluye Sabelli. Un círculo virtuoso que, afortunadamente, todos podemos imitar cada vez que decidimos cuidar el suelo de nuestro propio pedacito de naturaleza.
El dato de la industria: Detrás de los nutrientes que hacen crecer los cultivos argentinos hay un motor de industria nacional. Profertil, conformada por Adecoagro (90%) y la Asociación de Cooperativas Argentinas – ACA (10%), opera en Bahía Blanca produciendo anualmente más de 1.320.000 toneladas de urea y 790.000 de amoníaco, insumos clave para hacer de nuestra tierra un recurso cada vez más eficiente y sostenible.



















